La radiación de la máquina me provocó calor y yo sentí que no lo quería, me hacía sudar.
Sentada, arrodillada, parada, estirada, casi acostada, de un lado y del otro, ya no hay posición que aguante.
Empezó el dolor de la espalda, los hombros, la cintura y casi nunca me ha pasado, el dolor de las rodillas.
Las risas, el desprecio, los coqueteos, las bromas con doble sentido, la visitas, la imaginación.
La decepción, la ira, las ganas de llorar, el adormecimiento para no ver la realidad, la añoranza, la tristeza inexplicable, y la soledad.
Los abrazos, las sonrisas, los buenos deseos, la sorpresa, la buena voluntad, las ganas de hablar, la solidaridad, el deseo de acompañar, el olvido, la gratitud, las disculpas, el entendimiento y la paz.
El sueño, la tolerancia y aprender a escuchar.
Ansiedad, reconocimiento, miedo y otra vez la soledad.
Me pierdo en el infinito, la mirada traspasa todo lo físico, me pierdo en mis recuerdos que son repentinos, no noto el tiempo pasar y me olvido de la presencia de quien habla y canta frente a mí.
Todo esto he sentido en una semana, son “full” emociones, provocadas por la preparación de un informe para un grupo de “expertos” en el tema, que lo más probable es que no vean la minuciosidad del trabajo.
El cansancio no me ha dejado tiempo para leer, ni escuchar mi música y tampoco he realizado actividad física alguna que me mantenga saludable, que me quite el tabaco de la boca y tonifique mi cuerpo. En esos momentos no había nada mas importante que el informe, por qué? No lo se, tal vez por responsabilidad. Esto alteró mi estado de ánimo y me volvió en apariencia insensible pero en realidad, subí y bajé emocionalmente. Yo lo acepté así, pero algo va a cambiar, aún no se qué, ni cómo pero pasará.
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