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4.12.2010

PLUMÍFEROS (Catu)




Limpié el gallinero y recuerdos inmediatos desfilaron por mi cabeza..

Cuando era niña les tenía miedo y ahora que estoy grande, ya no se si les temo. 

Me agacho y entro en su casa.. me digo que tal vez las gallinas huelen el posible miedo y por eso me siguen..  

Una se sale del gallinero.. y me digo, ya me fregué, ahora me pica.

Los recuerdos, mi tormento; la imagen de  la cresta de un gallo colgando en mi cuello y la sensación de la áspera y roja carne rozando mi pecho; y todo porque mi abuela juraba que así dejaría mis nervios.

Enorme olla con agua hirviendo que servirá para desplumar a la gallina muerta hace quince minutos, gracias a una torcedura de cuello y un cuchillo que la desangra.


Sangre roja casi negra, espesa, coagulada.
Gorda molleja rellena.
Caca de gallina, verde con blanco, o al revés, seca, pestilente y penetrante.
Plumas flotanto en el agua y amargo olor cuando se mojan.
Poros irritados por el desplume..

Y yo, doña Catalina, caca de gallina, con la piel de gallina, subida de un solo aleteo en la piedra de lavar, cacareando a viva voz, con la esperanza de que alguien me rescate de mis miedos.


6.28.2009

Preparándose para el despegue (Catu)


Blanca, negra,
asustada, confiada,
pequeña, sola, segura,
lenta, ligera,
ensimismada, silvestre.
Rara belleza

6.26.2009

Ágata Julieta la gata (Catu)

Después de leer el blog del Apestado, enterarme que Cuico su perro había muerto y que lo habían comprado en el PAE, me vino a la mente mi preciosa Ágata y por eso quise escribir unas líneas porque no quiero olvidar todo lo que he vivido a su lado desde el día en que llegó a mi vida, que además no me la esperaba.

El dueño de casa se opuso desde el principio a que llevara una "gata" porque con eso de que se ponen en celo a cada rato y que no sabes cuántos mininos traerá al mundo... una vez más el sexo femenino era discriminado. Al final llegó Any con una cosita gris, despeinada, flaca y muy asustada. Le puso en el suelo y enseguida la criatura se escondió detrás del mueble de la sala, por el color tan masculino de su pelo pensé que era un “macho”, resulta que no, era una hembra.
Enseguida pensé en las recomendaciones del dueño de casa y en el escasa economía que manejaba para mi subsistencia, resulta que esterilizar una gata costaba nada menos que 90 usd, y si yo vivía con 200 usd, ¿de dónde iba a sacar la mitad de mi presupuesto para evitar que mi nueva compañera trajera mucha mucha mucha descendencia al mundo?; los meses pasaron y un día el dueño de casa metió por debajo de la puerta un anuncio que había salido en el periódico acerca de la promoción que ofrecía el PAE para esterilizar animales, el costo de la operación era 3 veces menor al estándar así que aprovechamos con Any y llevamos a la michu al quirófano.

Ágata era tan miedosa que si no alcanzaba a esconderse en el rincón más cercano, se tapaba los ojos cuando alguien se le acercaba, se aguantaba el hambre y las ganas de hacer pi pi hasta que la habitación en la que se encontraba quedara sola, entonces ya se podrán imaginar lo difícil que fue sacarla de la casa y exponerle al ruido de la calle, incluidos los ladridos de los perros que la asustaban mucho.

Al fin llegamos al sitio donde le extirparían el útero a la inocente gatita, ella estaba muy asustada y después de guardarle en una jaula para que no huyera, la veterinaria nos pidió volver en unas horas, entonces nos alejamos del lugar viendo la expresión de ágata que era la de un preso que ve alejarse a sus visitas.

Cuando regresamos nos dijeron que la operación resultó como esperábamos y que la gata estaba dormida, me acerqué a verle y de repente sentí tanto frío que sentí debilidad en las piernas hasta el punto de caer. Metida en un carton con una cobija en el fondo, la gatita sedada por la anestesia parecía muerta, tenía una parte de su cuerpecito rasurada y se veía la cicatriz de la intervención.
La cargamos dormida hasta la casa y llevábamos con nosotras una hoja con indicaciones para su cuidado. Al llegar tendimos un colchón en el piso y cerramos todos los sitios por donde la paciente podría escapar. Casi llegada la noche empezó a despertar, yo sentada a su lado le miraba dormir, al despertar, ella no sabía lo que pasaba, intentó levantarse y se cayó varias veces así que optó por arrastrarse hasta mis piernas, con su mirada débil y su brazo estirado me pidió que la cargara, expresaba sin palabras su necesidad de cuidado y afecto.

Después de mucho contemplarle y dejarle dormida, salí a la cocina, al regresar encontré a la “paciente” colgada de la cortina que tapaba la ventana por donde siempre salía, se sostenía de un solo brazo y al verme ella cayó. Solo pedía no estar sola.

Al pasar los días, la michu ya podía caminar aunque cojeaba y casi no asentaba su pierna, además intentaba arrancar sus hilos con los dientes, decidimos ponerle un vestido rojo hecho de la manga de un saco que cortamos y un cuello que le impedía bajar su cabeza para morderse a sí misma. La veterinaria nos recomendó no dejarle salir hacia los techos y lugares que no estuvieran limpios, así lo hicimos, sin embargo un día la muy sagaz se nos escapó, no apareció en todo el día, yo le llamaba a gritos y ella no me contestaba, temía que se hubiera lastimado y no pudiera regresar. En la tarde desistí de llamarle entonces volvió, parecía una adolescente que regresaba de su primera noche de farra fuera de la casa, claro de esas farras locas, traía su cuello roto, el vestido desgarrado, caminaba en tres patas y su color era gris blanquecino.

Al final su herida sanó, ella misma se arrancó el hilo con los dientes y el pelo le creció. Vive con nosotras 2 años y no ha tenido hijos.

Yo no he tenido problemas de sobrepoblación de mininos, Ágata no ha tenido que parir un millón de veces y sin embargo, hasta ahora me pregunto, si su esterilización fué justa para ella y si yo tenía derecho a intervenir en su cuerpo y quitarle un órgano que nació con ella...

5.07.2009

La Guagua gata! (Pecu)

No puedo decir lo mismo de la guagua!

... siendo la siete de la madrugada, entre sueños me doy cuenta que escurridiza sube a la cama e intenta acostarse a lado mío, con chulla ojo abierto, cacho que tenía algo en la boca y la mando de un grito, se mete por debajo de la tele y ya con mis ojotes abiertos veo que se le escapa de su boca un pajarillo pecho amarillo! aprovecho su confusión para proteger a la pequeña avecilla, pero no has de creer que Agata me desafí! no me obedece que salga e intenta recuperar a su presa.

Procedo a tomar a pajarillo en mis manos, abro la puerta de la sala pero... oh! la sagaz Agata ya estaba esperándome allí, sorda a mis órdenes de alejarse, corro hacia la lavandería y coloco allí a pajarillo, lo examino para saber cuan herido está, aparte de algo mareado y asustado parece que intacto, de pronto emprende un precario vuelo y alcanza a llegar al techo con dificultad, pero Agata ni corta ni perezosa, osea rauda y veloz, trepa al techo y adopta su ya conocida postura de implacable felina cazadora mientras pajarillo camina torpemente por el borde, yo desde el patio, con escoba y en calzón, trato de impedir que la carnicería se consuma.

En la una esquina, duelo de miradas duras con Agata y en la otra aliento de vida mientras grito con mi vocecilla "vuela pajarillo, huye hacia el horizonte...!"

Pajarillo retoma fuerzas y alcanza a volar hasta un alto y más seguro lugar, Agata se queda mirándolo mientras piensa

"Ya volverás, y si no eres tú, otra ave será mi juguete..."